viernes, 21 de septiembre de 2012

¿Reclinatorios para comulgar?‏

Es agradable que encontrarse con hermanos y hermanas que también trabajan por los intereses de Cristo, el Pueblo de Dios está pidiendo el retorno de los comulgatorios o reclinatorios, porque reconocemos a Cristo. Tengo entendido que siempre había un comulgatorio, había comulgantes que podía recibir al Rey de reyes con amor y reverencia, los sacerdotes que amaban a Dios, no los retiraba, reconocían a Cristo. Se esforzaba en preparar a los feligreses para que sus corazones y sus vidas estén bien preparados para el Señor, no deformaba la Liturgia de la Misa, muy fiel al Papa, al Magisterio. El comulgatorio ha sido retirado; se le ha quitado el derecho a los comulgantes que se arrodillaba, que podría ser unos pocos de los muchos que se acercan a comulgar. Otros de los problemas que sucede, y lo he experimentado, que algún sacerdote, aún habiendo el comulgatorio, no por su voluntad, que ya lo hubiera quitado, pero no está de su mano el hacerlo, pues está en la iglesia de un monasterio,pues para evitar que el comulgante se arrodille, alarga la mano por encima del comulgatorio para evitar que se acerque más el comulgante y se arrodille. Es verdad, que hay quienes por no vivir una vida plena en Cristo Jesús, no pueden soportar que se arrodillen los comulgantes, pierden la paciencia, la ira le envuelve. ¿Cuánto podemos pensar o decir que no tiene importancia arrodillarse y no es tan malo recibir a Jesús en la mano y de pie? La tibieza, el olvido de Dios, la superficialidad o mediocridad, nos causan ese tipo de reacción. Se pierde el Amor a Dios, entonces, sucede que no hay verdadera fe, esa alma no crece. Mientras que la Comunión recibida devotamente de rodillas, y en la boca, debe durar todo el día, es decir, que no debe faltar la caridad, y solamente con devoción y amor a Cristo, se puede lograr el avance del aumento de la fe y vida de santidad; se tiene más fuerza para renunciar a las cosas mundanas, vencer tentaciones, y sobre todo las de impurezas que es que, como Satanás ataca con más fuerza a las almas para hacerlas caer. De rodillas y en la boca recibimos a Jesús, el demonio entonces se siente más débil, porque nos centramos más en refugiarnos en Jesús, y pidiendo a María Santísima que venga y nos proteja, los poderes del infierno, nada pueden, porque nos queremos hacer uno en Cristo, para Cristo y para gloria de Dios Padre. Están a la vista el caos tremendo cuando se recibe a Cristo de pie y en la mano, los frutos se notan mucho, y en cada una de esas personas, la pérdida de fe, la rutina, las apariencias, y tantos desordenes que no hay vida espiritual, la desobediencia a las normas litúrgicas, un extremo amor al mundo, Cristo ya ha dejado de contar, sino el “yo”, es un verdadero caos; risas, carcajadas, aplausos, teatros, voces altas; convertir la iglesia en un museo, con artículos para vender, estas cosas alegran mucho al príncipe de las tinieblas. Porque primero se niegan los comulgatorios, y luego aparece una cadena de desordenes y actividades mundanas. Comuniones por los suelos, Cristo pisoteados por casi todos, es la falta de reflexión, pero que el demonio se encarga en dejar ciego a los que no son fieles a Cristo. La trivialización en la Sagrada Comunión y en la Liturgia causa un daño inmenso a las almas, más grave que las inundaciones y terremotos. Porque es un enfrentamiento contra la voluntad de Dios a través de la desobediencia a la Iglesia y al Papa. Otro de los problemas, es la pérdida del sentido grave del pecado. Pero también he leído, que hay personas que reciben la comunión de pie, pero desearían que hubiesen comulgatorio. También he visto a personas, que no encuentran comulgatorio, pero se arrodillan con toda devoción y respeto en el suelo, pues el suelo en esos momentos, no nos impide que nos arrodillemos para recibir a Jesús. Leemos como San Pablo doblaba sus rodillas para adorar al Señor, verdaderamente reconocía a Dios, pero cuando en vez de Dios se ama al mundo, por las aficiones mundanas no está el amor de Dios en ese corazón dice San Juan Evangelista. El amor al mundo es un obstáculo que impide que el alma adore al Señor y no lo reciba de rodillas, Es un grave error, y una falsa justificación, pues lo que es una tentación del demonio, cuando se pretende hacer creer que recibir a Cristo de rodillas es como volver a tiempos del pasado, el que ama a Dios no piensa esas cosas. El arrodillarse durante la Sagrada Comunión, es abrir el corazón a Cristo, es una cuestión de purificarse para amar con más perfección a Dios, nada tiene que ver. Es una actitud muy católica. Porque en la vida de los santos, al recibir la Sagrada Comunión, se arrodillaban, porque amaban de verdad a Cristo. Hay consultante descontento, que dice que comulgar de rodilla es un “espectáculo”, es un triunfo del demonio en esas almas mediocres, que no tienen en cuenta los valores cristianos. Son cosas que alegra al príncipe de las tinieblas, “no te arrodilles y no darás un espectáculo”. Es tremendo cuando el alma pierde de vista a Cristo, y se entrega a las pasiones de este mundo, “futbol” por ejemplo, ahí no le dice Satanás que piense como un espectáculo, sino en lo que es con relación a perfeccionar la vida cristiana y vivir en santidad. Para los que no aman a Cristo, encuentra espectáculos en los intereses de Cristo. La pretensión de Satanás, es que no se comulgue como enseña el Papa. El Maligno detesta que los cristianos se arrodillen ante Cristo, sin embargo, los que no lo hacen y se oponen, se están arrodillando ante Satanás, quieren cumplir los deseos del demonio, y se trata de eso mismo, que quiten los comulgatorios, que no se defiendan la comunión de rodillas y en la boca. Pero nosotros somos de Cristo, no pertenecemos al demonio. «Después que hayáis tenido la inmensa dicha de comulgar, (de rodillas) os levantareis con modestia, volveréis a vuestro sitio y os pondréis de rodillas...; ante todo, deberéis conversar unos momentos con Jesucristo, al que tenéis la dicha de albergar en vuestro corazón, donde, durante un cuarto de hora, esta en cuerpo y alma como en su vida mortal» (Santo Cura de Ars, Sermón sobre la Comunión)

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