jueves, 13 de septiembre de 2012

EL MANDAMIENTO DEL AMOR.

El cristiano está llamado a ser solidario con los problemas de sus hermanos. La"ley de Cristo" es la ley del amor, tal como lo revela Juan 13:34: "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros." Gálatas 5:14 se refiere a esta misma ley: "Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo."Ese es el mandamiento del Señor Jesús (Juan 15:12). Un cristiano espiritual debe interesarse y mostrar su apoyo ante los problemas y necesidades de los demás cristianos, tanto respecto a las necesidades materiales como las espirituales. En 1ª Juan 3:11, Dios manda que nos amemos unos a otros. Y en el versículo 23 manda dos cosas: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros. Puesto que ya creímos, debemos también amar. Dios nos dio este amor y luego nos dio el mandamiento de amarnos unos a otros, esto es, usar el amor que Dios puso en nosotros. Debemos aplicarlo según su naturaleza y nunca debemos apagarlo ni herirlo. Los cristianos espirituales debe encargarse de trabajar para fortalecer y levantar a los cristianos carnales, para que estos también se afirmen bien en su vida espiritual y que sean fieles seguidores de Jesucristo. Cualquier tipo de problema que se presente, ya sea espiritual o necesidades materiales, los cristianos deben estar siempre dispuestos a ayudarse unos a otros como verdaderos hermanos, sabiendo que todos los cristianos componen una sola familia y entre ellos no debe haber indiferencia, pues esto sería desinterés por los demás, egoísmo, y con esa actitud no se estaría reflejando el amor de Cristo. Siempre debe haber comprensión y ayuda mutua frente a las pruebas y faltas de otros. Si un creyente no está dispuesto a sobrellevar las cargas de sus hermanos cristianos, es una muestra de orgullo y de creerse más que las otras personas, al ser indiferente a los demás o no relacionarse por orgullo o por creerse superior. Eso no es más que engañarse a sí mismo. La humildad consiste en apreciar y valorar a los demás y no tener actitudes egoístas. Filipenses 2:3 dice: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;". Esto no se trata de un complejo de inferioridad, sino de ausencia de egoísmo y presencia de amor y de humildad. El llamado de Dios es a solidarizarse ante las necesidades de los hermanos, y quien no lo hace, tiene una actitud carnal, sin permitir que los frutos del Espíritu Santo y en especial el amor, se manifiesten. "El que se crea demasiado grande para rebajarse a esto, está engañándose, porque su misma actitud demuestra su bajeza." Si alguien adopta un espíritu de superioridad al no ayudar a los demás y creyendo tener menos problemas y afirmando ser más espiritual, esta persona se engaña a sí misma y toma una actitud desagradable ante Dios. El orgullo es un pecado que no debe existir en los cristianos, y por ello Pablo dirige esta exhortación.

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